I+D · 27 de septiembre de 2026 · 9 min de lectura

Más allá del rojo: lo que la luz puede contar de una aceituna

Una luz invisible puede revelar cuánta agua y cuánto aceite lleva una aceituna. Lo difícil no es el sensor: es saber qué parte del remolque está mirando.

Más allá del rojo: lo que la luz puede contar de una aceituna

En 1800, el astrónomo William Herschel separó la luz del Sol con un prisma y fue colocando un termómetro bajo cada color. Del violeta al rojo, la temperatura subía. Por curiosidad, puso el termómetro un poco más allá del rojo, donde no se veía nada. Y la temperatura siguió subiendo. Allí había una luz que nuestros ojos no ven: el infrarrojo.

Doscientos años después, esa luz invisible sirve para algo muy terrenal. Dos remolques de aceituna pueden pesar lo mismo en la báscula y llevar cantidades muy distintas de agua y de aceite. Hoy eso se sabe tomando una muestra, llevándola al laboratorio y esperando. La pregunta que investigamos en Olearia es si un rayo de luz podría decirlo en el momento, mientras la aceituna pasa por la cinta.

Una huella dactilar hecha de luz

Cuando la luz infrarroja ilumina una aceituna, parte rebota y parte se queda dentro. El agua se “come” unos colores concretos del infrarrojo; el aceite, otros. Si medimos cuánta luz vuelve en cada color, obtenemos una curva, el espectro, que funciona como una huella dactilar de lo que hay dentro.

Esquema de las zonas del espectro donde absorben los pigmentos, el agua y el aceite
Dónde deja su huella cada componente: los pigmentos en la luz visible, el agua y el aceite en el infrarrojo cercano. Esquema de nuestro simulador.

Esa huella no se lee sola. Las marcas del agua y del aceite se superponen, y la curva cambia con la temperatura, con la forma de la aceituna y con lo mojada que esté. Para traducirla en números hace falta enseñar a un modelo: muchas aceitunas medidas con luz y analizadas después en el laboratorio, para que aprenda qué forma de curva corresponde a qué composición. Esa enseñanza se llama calibración, y es el puente entre una señal y una cifra.

La idea no es nuestra ni nueva. Se usa en laboratorios desde hace décadas, y un estudio de 2019 midió así el aceite de 278 aceitunas de 31 lotes. Pero aquellas aceitunas estaban secas y quietas sobre la mesa. En una almazara llegan mojadas del lavado, amontonadas y en movimiento. Nuestro trabajo es averiguar qué se rompe en ese viaje del laboratorio a la cinta.

El resto es para quien tiene clave

El planteamiento es abierto. Los resultados, las figuras y el examen completo los compartimos con las cooperativas, almazaras y equipos de investigación con los que trabajamos.

¿No tienes clave? Pídenosla

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Viento del pueblo · 1937

Aceituneros

Miguel Hernández

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma, ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa de sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de las lomas.

Cuéntanos

Construimos contigo el futuro del olivar.

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